sábado, 20 de agosto de 2011

El camino de las diosas


QUIEN SOY YO

Raquel Miragaya
-       No consigo hacer este ejercicio.
-       Paro
-       Lo vuelvo a intentar.

Soy insegura, impaciente, inmadura, intranquila, miedosa.
Soy intensa y pasional.
Soy una montaña rusa, que sube que baja y que no sabe cómo parar.

Soy envidiosa, envidio algo en cada persona, dicen que es envidia sana, yo no creo que ningún sentimiento de envidia sea sano.

Me gustaría ser rubia y morena, tener ojos claros y negros, ser blanca, mestiza, negra, alta, baja, gorda, delgada, normal, con mucho pecho y muy poco.   
Alegre, seria, creativa, lógica, cariñosa y distante, solo coincido en una preciosa y gran sonrisa.
Veo en la mirada de las personas, no juzgo su aspecto, no juzgo sus actos, solo su mirada.

    Sé escuchar a todas las personas y siento su dolor, su alegría, si puedo les ayudo.  
  Yo digo que he adquirido un don, las personas incluso desconocidas vienen a mi a contarme sus más oscuros pensamientos.  

 Creo que ha sido algo que me ha ofrecido la vida gracias a mi trabajo. 
Siempre he estado en contacto con nuevas personas y me ha hecho conocerlas.   
Pero como no juzgo, enseguida me engañan y me hacen daño. 
Distingo las miradas malas y veo la bondad pero no sentimientos intermedios.

 Me involucro demasiado con los demás. 
Mis hormonas juegan conmigo, a veces no me reconozco. 
Me sale la maldad y la venganza de dentro, suele ser un par de horas, no me gusta nada.   

Luego llega el arrepentimiento y la depresión, me detesto, no se soluciona con pedir perdón, así que me aíslo.  
Lo peor es cuando pierdo ese equilibrio con mi hija, soy mala y dañina, me da miedo crearle un problema.

Soy conciliadora, soñadora, la verdad es que me da igual que calificativos ponerme.  
 Las personas deben ser juzgadas por sus actos y no por etiquetas.
Hablo de mi, así que, soy lo que cuento.  

 No me gusta mi parte mala, pero a quien si, intento mejorarla y
es todo lo que puedo hacer.
No soy un hada, me falta mucho para serlo. 
Estoy llena de resentimientos, soy posesiva y el miedo me descontrola, lo sé, solo sé escribir lo negativo, juro que intento poner cosas buenas, pero, es que,  no me gusto.   

Todavía estoy en esa fase, en la que tengo que empezar a quererme y a valorarme.  Yo creo que dentro de 1 año, intentaré volver a escribir mi descripción y será algo mejor.

Raquel Miragaya
Del trabajo: el camino de las diosas. Galdakao 2011
Dibujo realizado por Raquel Miragaya



viernes, 19 de agosto de 2011

Brujula para navegantes emocionales

En épocas de crisis
A veces la vida parece estancarse. En estas épocas de espera resulta útil recordar que las etapas de la vida tienen un ciclo natural de crecimiento, plenitud y decadencia, tras el cual se inicia un nuevo ciclo.

En estos momentos la debilidad y la impaciencia no logran nada. El tiempo de la psique no es el tiempo de la vida diaria. Hay que darse tiempo para madurar y encajar las situaciones, tiempo de cara al desarrollo de las relaciones personales, tiempo para reconocer dónde nos hemos estancado y por qué.

Hay que situarse en un ámbito más intemporal para examinar y superar las crisis propias de cada etapa con calma. “¿Qué necesito? ¿De dónde vengo? ¿Cómo me pueden ayudar estas experiencias para conocerme mejor y evolucionar?”

A menudo desperdiciamos oportunidades de cambio porque queremos forzar los acontecimientos en unas circunstancias y en un tiempo que no es el suyo. Nos aferramos a nuestros deseos y el miedo, de nuevo, nos condiciona demasiado.

Al contrario de lo que solemos creer, el proceso de crecimiento y de desarrollo humano psíquico y físico, no se detiene al final de la adolescencia: prosigue durante toda la vida.

A lo largo de la vida no cambian las emociones, sólo cambia nuestra capacidad de gestión y nuestros recursos frente a estas emociones. Tendemos  a considerar la edad adulta como un cambio lineal y estable, pero tiene sus propios ciclos o etapas, con sus puntos de inflexión y crisis características que es necesario reconocer y solucionar de la mejor manera posible.

No se puede superar una etapa y adentrarse en la siguiente sin solucionar la etapa y crisis anteriores. El umbral de nuestra vida presente es el conjunto de nuestras experiencias pasadas.
Elsa Punset
Brújula para navegantes emocionales

miércoles, 17 de agosto de 2011

La inspiración creativa de una mujer espléndida

MUJERES


Hermanas, Mujeres que bailan en un círculo
Mujeres brillantes irisadas, contrastes de blanco y negro matizadas en gris.
Mujeres percusivas, tintineantes,
algunas bloques de cemento encerrando corazones dormidos.
Mujeres risueñas, charlatanas que ocultan secretos pecados
 del devenir del tiempo y la educación.
Mujeres criticas, ejerciendo el control de la vida ajena renunciando a la suya propia.
Mujeres bellas, maniáticas, maravillosas eternas duales.
Mujeres que manejan su destino, retando a las olas de un mar bravo
que durante siglos engullía a los hombres dejándolas solas
y
capitanas de sus propios barcos.
Mujeres que miran sin ver y que ven sin mirar.
Mujeres antiguas guardianas del talismán,
 parturientas de la vida eterna en estado puro.
Hermanas que bailan en círculo alrededor de fuegos ancestrales,
danzando a la luz de la luna reconociendo el poder del cuerpo
y la potencia de su sexo.
Mujeres mujeres.
Como juncos en el agua que aún dobladas por el viento
no se rompen jamás. 

Edurne  Kortajarena
(Taller de Biodanza en Bermeo 2008)

Disfrutar de lo que se disfruta como un regalo


Encauce emocional:

“Vivir es sentir el trabajo de cada día, el peso de cada palabra, 
el esfuerzo de cada escalón.
No como bola que aplasta, sino como un contrapeso de polea que impulsa a subir.


Vivir es coger el dolor con las manos, como parte de la vida,
para tenerlo entre pecho y brazos, y luego soltarlo.


Vivir es tomar aire y decir “ basta” a lo que no tiene solución, 
por muchos encantos que posea. 
Si acaso, te secas las lágrimas y continúas andando. 
Para luego seguir cabalgando como una jinete libre por la sabana de la vida. 
Esto es realmente ser inteligente emocionalmente.” 





Necesitamos aprender a renunciar, a disfrutar de lo que se disfruta como un regalo,
porque en cualquier momento puede dejar de ser.
Sin embargo, aún cuando desaparezcan, aparecerán nuevas personas y nuevas situaciones. 
Que de nuevo vivirás intensamente, como un nuevo regalo, 
pero sabiendo relativizar porque nada es absoluto, sobre todo las pérdidas, 
los impedimentos, los fracasos... Practicar esto es practicar la libertad.


Es necesario que tomes conciencia de las estrategias que utilizas para autoboicotearte,  
como el  plantearte que los demás, el que la sociedad, la vida es responsable de tus males... 
Son sólo leña para encender la hogera del malestar.


Puedes poner en marcha la capacidad de controlar la situación buscando alternativas 
positivas y creativas.
Evitar sobre todo prolongar la resonancia de tus ideas y emociones negativas. 
Tienes que decir ¡basta!, y no estar palpando y manoseando ideas y emociones, 
una y otra vez, las mismas ideas, las mismas emociones que prolongan y 
ahondan tu propio sufrimiento.


Pedro Guanir: “Los moldes de la mente”

jueves, 11 de agosto de 2011

El tiempo no lo cura todo

 


Hay una frase muy difundida en la vida cotidiana que dice así: El tiempo todo lo cura”. Nada más lejos de la realidad. Si fuera así todas las personas llegaríamos viejecitas sanísimas, sin problemas, sin heridas…, y ya vemos que es justamente lo contrario.

Hay personas que llegan a ancianas muy sanas, pero todos y todas conocemos personas que llegan muy amargadas ¿Por qué? Porque las heridas y problemas emocionales pueden trabajarse o bien pueden ocultarse, taparse, reprimirse y olvidarse.

Y a veces, lo conseguimos, creemos que con estos mecanismos que temporalmente nos ayudan a no sufrir tanto, hemos borrado los problemas y curado las heridas.

No es verdad. El tiempo (es decir, la acción, el trabajo, las ocupaciones, las distracciones…) actúa como si fuera una capa de polvo que va cayendo sobre las aristas y los salientes de los muebles, y hace que se desdibuje lo que hay debajo, y poco a poco ya no lo vemos, y al no verlo nos parece que no existe.

Cuando llegamos a mayores y la acción cede, las ocupaciones disminuyen y no nos distraen tanto, las necesidades afectivas se recrudecen y la memoria del pasado vuelve con más insistencia y fuerza, volvemos a conectarnos con las tareas emocionales pendientes del pasado.

En estas personas es probable que se instale la soledad, la depresión, la amargura que en su día se ocultaron, o bien que se revivan experiencias no conscientes de inseguridad y miedo, sin saber bien de dónde o por qué aparecen.

Es probable que estas personas sufran por cosas aparentemente nimias y que exijan una atención y cuidado difíciles de ofrecer en ocasiones.

De verdad, el tiempo no lo cura todo. Lo que cura casi todo es el trabajo personal, con el dolor, el sufrimiento, con las heridas del pasado.

Un trabajo que tiene que realizarse a lo largo de la vida, en función del tipo o intensidad de la quemadura, la herida, el sufrimiento, etc.

Por ello, para una vida emocional sana, tenemos la responsabilidad de:

a)    No exponernos a la inercia, al mutismo, a la pereza, al abandono de la salud, al exceso de trabajo, a la tristeza…

b)     Poner remedios contra las heridas que ya tenemos, remedios que cada cual considere que le van a ayudar más.

Carmen y Juana María Maganto Matero
Del libro: Cómo potenciar las emociones positivas y afrontar las negativas

Agradécele a tu cuerpo lo que ha hecho por ti


Me acepto incondicionalmente ahora

Y le digo a mi cuerpo:
 Gracias por este cuerpo de mujer sano y femenino
Con pies que se agarran a la tierra
Con manos que acarician otras manos. 

Gracias por mis cinco sentidos
Con los que disfruto inmensamente
Ojos con los que te veo,
Entro en ti, te siento
Fosas nasales con las que te huelo
Te reconozco, reconozco tu esencia húmeda
Papilas gustativas portadoras de placeres....
Te saboreo

Tacto divino para acariciarte
Para acariciarme
Oídos que me traen el sonido de tus pasos, de tu risa...
De las olas, de tu voz, de la mía
De las voces del mundo.
Te abrazo...
Me estremezco,
Saboreo
Escalo montañas o estoy quieta aquí
De cualquier manera,
Estoy en mí, en mi cuerpo.
 Mío,


Único, de nadie más
Yo, lo voy a cuidar, te voy a cuidar
Para que juguemos juntos
Después de escucharte un siglo
Y quererte otro siglo
Como te lo mereces.


Laura c. Andia
Al encuentro de Afrodita